Quebrantando el amor y quebrantando la amistad. Después de que un jarrón se abalance hacia la música, sin un muro que impida que el frío llegue a sus huesos y los congele. Cojo la puerta y me voy, a otro lado. Es mío, la quiero. Baja las escaleras y abre la velada con una especie de vino que sabe a agua. No dejes que se vaya atrás, síguela, cuanto más deprisa mejor, no la dejes escapar. Un ¡OH! No es suficiente, grita más.
El aire esta lleno de agua y te aprietas la bufanda. Guarda tu garganta, tienes que dar explicaciones. Entre una y otra calle están todas tus frutas. No las pierdas, ya están perdidas, al menos alguna de ellas. Siguiendo el camino encuentras un respiro, respira. Deja de respirar, respira y cuéntaselo todo, ella cuenta y cuenta. Te odio, acéptalo, no quiere saber de ti. Rompe la botella y bébela con los cristales. Te sientes mejor, si. Deja todo de un lado y ya es tuyo. Solo eso puede salvarte. Te salvas. Eres fuerte. Deja de intentar destrozarlo, destroza la mirada y reinventa. Lávate, sécate, deja las toallas, desnúdate, cálzate y péinate. Nunca lo dejes, eres lo único que tengo, eres mi amor ¡Déjame en paz!