martes, 15 de febrero de 2011

Poema de la espera

Esperando pasar un tiempo solo. Intentando entenderse a uno mismo, después. ¡Déjalo ya! Eso está fuera, eso está dentro. Entonces ¿Qué importa?  Salgo a la calle y un hombre está tumbado en el suelo con una herida en la cabeza. Ha hecho un pacto secreto con sus entrañas. Me duele la cabeza, son las ideas. Despejándome y desalentado por el aire subo las escaleras y reposo. Un trago. Más, siempre lo mismo, ¡No! ¡Maldito, maldito, maldito suelo! Paseo, nada. Ver, nada. Toser, nada. Andar, nada. Tocar, nada… ¡No! Entretanto el paisaje desencadena un temblor y me absorbe. Ten en cuenta que te puede servir de algo, pero no llega del todo. Intenta dejarlo y vuélvete loco. No puedo parar pero creo que tengo que hacerlo. Algo más, es esto. Despejado por la incertidumbre me relajo sentado en mi cama y ya estoy de vuelta. Me quiero, me caigo, ¡Tú! No me da vergüenza, pero corro por las calles llorando por tus lamentos y me quedo. ¡Soy yo!

No puedes hacerlo. ¡Lo eres! ¡Eres tú! Tengo miedo, pero ¡Soy yo! ¡Tú! Ven conmigo, abrázame hoy y siempre bendita entre todas, bendita…

Los brazos estirados al cielo, ¡Dos! Ven conmigo. Estoy solo. Mi pecho es grande y no puede hacerse explotar a sí mismo. Vuelvo por mis pasos. Déjalos atrás. Ellos son los mismos y tú no, no, no… Muerde mi lengua porque ya no voy a verte más, estoy en el limbo y aquí me quedaré, esperando…